Trending topics que generan crisis: Seis estrategias para que sea el Consejo quien marque el ritmo.
- Pedro Gato Andeyro
- 1 sept 2025
- 3 Min. de lectura

La reputación de una compañía puede verse comprometida en cuestión de minutos, especialmente cuando la crisis se desencadena en redes sociales. Un comentario viral, una denuncia en vídeo o una campaña coordinada pueden convertirse en un problema estratégico si no existe preparación previa. Por eso, los Consejos de Administración no deben limitarse a esperar la reacción del equipo directivo, sino anticiparse y dotarse de metodologías y entrenamiento específicos para afrontar estos escenarios con rigor y eficacia.
Una primera herramienta es la realización de simulacros de crisis digital. Al igual que en otros ámbitos de la gestión del riesgo se ensayan respuestas frente a incendios o ciberataques, resulta fundamental que los Consejos entrenen escenarios de reputación digital. A través de ejercicios simulados, los consejeros pueden experimentar de forma controlada cómo evoluciona un boicot en redes sociales, qué decisiones son críticas en las primeras horas, y qué rol debe asumir cada miembro del Órgano de Administración. Estos simulacros permiten detectar debilidades, mejorar la coordinación y reforzar la confianza en la capacidad de respuesta de la compañía.
Otra metodología consiste en el mapeo de riesgos reputacionales. La mayoría de las empresas identifica riesgos financieros o regulatorios, pero pocas cuentan con un mapa actualizado de amenazas digitales. Se trata de reconocer qué colectivos, como clientes insatisfechos, empleados descontentos, activistas sociales o competidores agresivos, podrían generar una crisis en redes, y de evaluar la probabilidad e impacto de cada uno de esos escenarios. Esta información, presentada de forma periódica al Consejo, ayuda a priorizar y a definir los niveles de tolerancia al riesgo reputacional.
La creación de un comité ad hoc de crisis digital es igualmente relevante. Cuando se produce un incidente, no puede improvisarse quién asume el liderazgo, qué información se comparte y cuándo se convoca al Consejo. Definir de antemano el papel del presidente, del CEO, del secretario y del responsable de comunicación en la gestión de la crisis, garantiza que la respuesta sea rápida y coordinada. Además, conviene establecer criterios claros que determinen qué tipo de crisis requiere intervención directa del Consejo y cuáles pueden resolverse desde la gestión ejecutiva.
La preparación también incluye el entrenamiento en comunicación de alta presión. Consejeros y directivos deben estar capacitados para manejar mensajes en situaciones de tensión, tanto frente a medios como en entornos digitales donde el escrutinio es inmediato. Simulaciones con portavoces, análisis de casos reales y formación específica en comunicación en redes sociales dotan a la organización de una musculatura imprescindible para proteger su credibilidad en momentos críticos.
Asimismo, la monitorización y escucha activa son herramientas tecnológicas clave. Incorporar sistemas de social listening en los reportes periódicos al Consejo permite anticipar crisis antes de que escalen. Indicadores como volumen de menciones, tono de la conversación o velocidad de propagación ofrecen señales tempranas que facilitan decisiones estratégicas. No se trata de abrumar al Consejo con información operativa, sino de proporcionar una visión clara y concisa de posibles riesgos emergentes.
Finalmente, es necesario instaurar una cultura de aprendizaje continuo. Cada crisis, propia o ajena, debe convertirse en una oportunidad de mejora. Analizar los errores cometidos, identificar las mejores prácticasy revisar casos relevantes en el sector contribuye a elaborar un playbook vivo de gestión de crisis digitales. Este documento, actualizado y compartido en el Consejo, refuerza la capacidad de adaptación de la empresa, y transmite a los stakeholders un mensaje de solidez y compromiso con la transparencia.
El Consejo de Administración deben asumir que la reputación digital es un activo estratégico. Anticipar, ensayar y aprender se convierten en las claves para transformar un riesgo potencial en una ventaja competitiva: la de ser percibidos como organizaciones sólidas, responsables y preparadas para afrontar los retos de la era digital.




Comentarios