¿Puede un consejo ignorar su propio examen? Los riesgos (y las oportunidades) de evaluarse… o no
- marisolmartincleto
- 25 sept 2025
- 2 Min. de lectura

El buen gobierno empieza por mirarse al espejo
En un entorno de disrupción constante —digitalización, geopolítica, sostenibilidad, inteligencia artificial— un consejo de administración que no revisa su propio desempeño corre el riesgo de pilotar a ciegas.
No es un capricho de los reguladores: la CNMV recomienda una evaluación anual del consejo, con apoyo externo al menos cada tres años, en línea con los OECD Principles of Corporate Governance. La evaluación periódica es, hoy, un instrumento estratégico de competitividad.
Lo que gana un consejo que se evalúa
1. Decisiones más estratégicas y rentables. Detectar a tiempo carencias en información, en la agenda de reuniones o en la dinámica de debate permite enfocar las discusiones en lo que de verdad crea valor.
2. Consejeros que crecen. El feedback individual ayuda a identificar fortalezas y áreas de mejora, impulsando el desarrollo de cada miembro.
3. Anticipación de riesgos y sucesión ordenada. Se detectan vacíos en capacidades críticas (ciberseguridad, ESG, geopolítica) y se planifican relevos clave sin sobresaltos.
4. Confianza del mercado y de los stakeholders. Comunicar que el consejo se somete a revisión refuerza la credibilidad ante inversores, empleados y clientes.
Impacto en los resultados: no es solo buen gobierno, es negocio
La literatura académica y los informes de consultoras convergen: los consejos que se evalúan de forma sistemática tienden a obtener mejores indicadores financieros.
Estudios internacionales muestran mejoras de entre un 5 % y un 15 % en ROA o ROE frente a empresas comparables con menor rigor en gobierno corporativo.
Compañías que reportan evaluaciones regulares disfrutan de mayor atractivo para inversores.
Aunque es difícil aislar un efecto causal exacto, la correlación es clara: consejos más conscientes de sus debilidades toman mejores decisiones y generan más valor sostenible.
El precio de no hacerlo
Cuando el consejo evita evaluarse:
Se enquistan rutinas: agendas repetitivas y debates superficiales.
Se desalinean las capacidades: el mercado cambia, pero el consejo no.
Aumentan los conflictos latentes: sin un espacio de feedback, los roces internos escalan.
Se deteriora la reputación: inversores y reguladores interpretan la falta de revisión como negligencia.
Evaluaciones externas: la garantía de la independencia
La autoevaluación anual es imprescindible, pero el estándar internacional aconseja una revisión independiente al menos cada tres años.
Un evaluador externo aporta:
Objetividad y credibilidad: elimina sesgos y ofrece un diagnóstico profesional.
Benchmarking: compara la práctica del consejo con las mejores referencias nacionales e internacionales.
Profundidad analítica: entrevistas en profundidad, observación de sesiones, revisión de documentación.
Impulso al plan de mejora: las recomendaciones independientes se convierten más fácilmente en acciones.
Señal positiva al mercado: transparencia y compromiso con el buen gobierno.
Conclusión
Evaluar el consejo no es un trámite: es una inversión que se traduce en resultados. Un consejo que se mira al espejo, reconoce sus áreas de mejora y actúa en consecuencia fortalece su capacidad de anticipar, de decidir y de generar valor.
En tiempos de incertidumbre, el verdadero riesgo no es someterse a examen; es negarse a hacerlo.
Marisol Martín-Cleto
Consejera
Senior Partner de Syntagma Partners




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