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El fraude del CEO: Seis recomendaciones para prevenirlo desde el Consejo


La estafa del CEO, también conocida como Business Email Compromise (BEC), es una de las amenazas más sofisticadas que enfrentan las organizaciones en la actualidad. A través de la suplantación de identidad del primer ejecutivo, los delincuentes buscan inducir a empleados de confianza a ejecutar transferencias o a compartir información crítica. Aunque se trata de un ataque que se ejecuta en el plano operativo, su impacto es estratégico y puede comprometer gravemente la reputación y la solvencia de cualquier empresa.


En los últimos años, esta modalidad de fraude ha evolucionado de simples correos electrónicos falsificados, a escenarios de una sofisticación sin precedentes. Hoy los delincuentes son capaces de recrear con inteligencia artificial la voz del CEO en llamadas telefónicas, o incluso generar videoconferencias en las que aparece el propio presidente de la compañía con imágenes de gran realismo. Estas técnicas de deepfake aumentan de forma exponencial la presión y la credibilidad del engaño, obligando a los consejos de administración a elevar su nivel de vigilancia y de supervisión.


Ante esta realidad, el consejo debe entender que la estafa del CEO no es solo un riesgo tecnológico, sino un desafío para el Sistema de Gobierno Corporativo. Prevenirla exige una visión integral, reforzando las políticas internas, revisando periódicamente los mecanismos de control, y, sobre todo, impulsando una cultura en la que la seguridad forme parte de las prioridades estratégicas de la compañía. Desde esta perspectiva, el Consejo tiene la responsabilidad de promover e impulsar medidas que reduzcan significativamente la vulnerabilidad de la organización frente a este tipo de fraudes.


La primera medida consiste en asegurar que la compañía dispone de un análisis de ciber riesgos y de una política de ciberseguridad integrales y actualizadas. El Consejo debe exigir que esta política no se reduzca a un manual técnico, sino que se traduzca en procesos vivos, revisados periódicamente y con presupuesto asignado. La revisión de indicadores de ciberseguridad debe formar parte de los informes regulares al consejo, al mismo nivel que los financieros o de cumplimiento.


En segundo lugar, el Consejo debe garantizar la existencia de protocolos financieros blindados. Esto implica asegurar que ninguna operación relevante pueda autorizarse sin controles cruzados y sistemas de doble validación. El Consejo no solo debe aprobar estas políticas, sino comprobar periódicamente su cumplimiento mediante auditorías internas y externas. La prevención aquí radica en eliminar la dependencia de una única voz autorizada.


La tercera medida se centra en la cultura de formación y concienciación. El Consejo debe impulsar programas de capacitación que no se limiten al personal operativo, sino que alcancen también a la alta dirección y a los propios consejeros. Solo así se asegura que la alerta frente a estas amenazas se asuma como un riesgo estratégico compartido, y no como un asunto meramente técnico.


En cuarto lugar, es clave integrar el riesgo tecnológico en la agenda formal del Consejo y sus comisiones. Esto requiere recibir informes periódicos sobre los intentos de fraude detectados, resultados de pruebas de intrusión y niveles de exposición de la organización. El Consejo debe contar con consejeros que aporten experiencia digital y, cuando sea necesario, apoyarse en asesores externos que aporten independencia y profundidad en el análisis.


La quinta medida apunta a la comunicación interna y la cultura organizativa. Los ataques prosperan en entornos donde prima la urgencia y el miedo a cuestionar instrucciones superiores. El Consejo debe asegurarse de que existan canales de verificación seguros y accesibles, y de que la compañía proteja y reconozca a quienes se atrevan a poner en duda una instrucción sospechosa.


Finalmente, el Consejo debe ejercer un liderazgo ejemplar. La seguridad frente a la estafa del CEO no es solo un conjunto de medidas técnicas, sino una manifestación del tono ético y de la cultura de Gobierno Corporativo de la compañía. Cuando el Consejo dedica tiempo a estos asuntos en sus sesiones, solicita informes específicos y da seguimiento a las medidas adoptadas, envía un mensaje claro: la prevención de riesgos es parte esencial de la sostenibilidad del negocio.


En definitiva, la amenaza es real, creciente y cada vez más sofisticada. Postergar la acción equivale a asumir el riesgo cierto de convertirse en la próxima víctima. Actuar desde el Consejo no es opcional, es urgente e inaplazable si se quiere evitar que la estafa del CEO golpee el corazón financiero y reputacional de la compañía.

 
 
 

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